«En el portal de Belén

hacen fuego los pastores…»

Y está claro que saben bien lo que hacen, pues en 2000 años no se les ha incendiado el pesebre ni se les ha intoxicado por monóxido de carbono la Sagrada Familia. Otra cosa es el Belén o el árbol de Navidad que montamos en nuestras casas. Ambos tan hermosos, con tantos detalles y lucecitas, y con tanto riesgo de incendio tan desapercibido… Especialmente el árbol, que suele ser altamente inflamable, emitiendo dióxido de carbono (CO2) y otros gases asfixiantes además de humo y sustancias tóxicas, destruyendo completamente la habitación en tan solo 48 segundos. (busquen en google y echen a temblar)

Y no digamos nada del riesgo de sufrir la “mal llamada muerte dulce” causada por envenenamiento de la sangre al respirar aire con monóxido de carbono (CO), gas más ligero que el aire que sube hacia el techo y se filtra por las rendijas,  no se puede ver ni oler ni notar, pues no es irritante… y decimos “mal llamada muerte dulce” porque, si bien el fallecido tiene semblante sereno, esto se debe a que este venenoso gas incluso en bajas cantidades, causa una parálisis que impide los movimientos por lo que, aunque note que no puede respirar no puede ni huir ni gesticular.

El monóxido de carbono (CO), se produce por una combustión incompleta debida a un mal funcionamiento de los motores de los automóviles, a una mala combustión de los calentadores de agua (ya sea de gas, propano o butano), al uso de hornillos o braseros, estufas, hogares de leña, glorias u otros sistemas de calefacción, incluso al empleo de barbacoas de madera o carbón y cocinas de gas en lugares con insuficiente ventilación.

Otro riesgo de intoxicación por respirar gases escapados que hay en nuestros hogares en estas épocas invernales es el derivado de escapes de gases combustibles por haberse apagado la llama en calefactores de butano y propano, gases que pesan más que el aire por lo que se acumulan en las zonas bajas o calefactores de gas ciudad y gas natural que tienden a ir hacia el techo por ser más ligeros, si bien éstos sí se acompañan de un producto que les da el característico olor “a gas”.

Estos gases, además son altamente inflamables por lo que en caso que notemos el más ligero olor lo primero es abrir ventanas, cerrar el regulador sin encender ni apagar las luces, evitando todo origen de cualquier chispa que pudiera dar origen a una explosión.

El 50% de las muertes por incendio se produce en invierno, Y lo peor de todos estos riesgos es que la mayor parte de las muertes provocadas por ellos son a traición, en los dormitorios cuando nadie puede avisarnos… o tal vez si…

Ciertamente sí, con 3 pequeñas cosas, como dice la canción, el detector de gas, el  detector de incendios y el detector de monóxido de carbono (estos dos últimos también existen combinados) Estos 3 aparatitos que los hay en los centros comerciales y en “interné”…, que los hay muy baratillos y fáciles de poner…, que los hay a pilas que tan sólo necesitan unos tornillitos para instalar según lo indiquen las instrucciones, que debemos consulta …

Lo dicho, unas pequeñas cosas que, si falló la prevención, nos ayudará a ponernos a salvo a nosotros y a quienes más queremos, para seguir cantando villancicos diciendo eso de “En el portal de Belén hacen fuego los pastores…”

 

Gonzalo Fernández Amago

Mª Gemma Álvarez Ortega

Técnicos S. en Protección Civil y Riesgos Laborales