Living the Change («Viviendo el cambio») es una iniciativa interreligiosa que, partiendo de la conciencia del daño hecho a la Tierra por nuestros estilos de vida, pretende facilitar el encuentro entre personas de fe que se sienten responsables de la sostenibilidad de su comportamiento y que quieren compartir y celebrar su experiencia personal de cambio, de «conversión ecológica». Pero también quiere colaborar, promoviendo opciones personales, en la reducción de las emisiones de CO2 a la atmósfera, centrándose en tres áreas principales: el transporte, el uso de energías renovables y la opción por una dieta basada en plantas. 
Con sede en Nueva Jersey, Estados Unidos, proponen en su web la asunción de un reto personal, que pueda ser útil también para otros a la hora de iniciar procesos de cambio hacia una vida más sostenible. Pero también recogen múltiples testimonios de cambio y conversión de líderes religiosos cristianos, musulmanes, judíos, budistas… Como personas de fe, todos ellos, todas ellas, comparten el objetivo de recuperar el equilibrio del planeta Tierra, que los seres humanos estamos contribuyendo a romper.
Además, como experiencia puntual de encuentro señalan anualmente un «tiempo para vivir el cambio» en el último trimeste, en el que promueven la celebración de algún tipo de evento que sirva para reunirse y compartir experiencias personales de cambio bajo la forma de una comida fraterna, basada en alimentos vegetales, que pueda ser complementada con diferentes dinámicas de encuentro y comunicación que sirvan para el intercambio de experiencias. Se puede hacer tanto a pequeña escala, en una comida con amigos preparada en la propia casa, como a una escala un poco mayor en el seno de una organización religiosa o vecinal. Es una forma no sólo de compartir, sino también de celebrar los pequeños (o grandes) que se van dando, y que así no pasan desapercibidos y nos animan a todos a seguir avanzando. Y también se convierte en una forma de sentirse miembros de una red global de cambio…
No deja de resonar, detrás de todo ello, la propuesta que el Papa nos hace en los párrafos finales de Laudato Si’ (244): Caminemos cantando. Que nuestras luchas y nuestra preocupación por este planeta no nos quiten el gozo de la esperanza.Pues eso: a gozar compartiendo fraternalmente la comida y la experiencia personal. Que así también se hace comunidad.

Por Miguel Ángel García