ARTÍCULO | PAULA GARCÍA CALDERARO

En la naturaleza podemos observar cómo animales de la misma familia son tan diferentes, tanto física como psicológicamente. En este artículo vamos a analizar los rasgos que distinguen al ibis rosado (Eudocimus ruber) del ibis eremita (Geronticus eremita). Ambas aves pertenecen a la especie pelecaniforme de la familia Threskiornithidae. Sin embargo, podemos ver claras diferencias entre el ibis rosado y el ibis eremita.

En primer lugar, el ibis rosado es nativo de las costas del norte de Sudamérica y la costa sureste de Brasil. Por el contrario, el ibis eremita habita en Europa, Oriente próximo y África. 

Si nos centramos en las diferencias físicas, se observa que lo más llamativo es la diferencia de tamaño y de colores. Si hablamos del ibis rosado, es más pequeño, llegando a medir entre 56 y 61 centímetros de largo, y con un peso de hasta 770 gramos. Además, tiene una envergadura que alcanza los 54 centímetros aproximadamente. Respecto al ibis eremita, su longitud abarca desde los 70 a los 80 centímetros, con un peso de entre 1 y 1,3 kilogramos. Pero donde notamos la gran diferencia es en la envergadura, ya que puede alcanzar 1,3 metros, casi un metro más que el ibis rosado. 

Hemos hablado del tamaño y el peso, pero a rasgos físicos, tienen gran diferencia en sus colores también. El ibis rosado es de color rojo escarlata, debido a que se alimenta de crustáceos. El color del plumaje es uniforme, pero se intensifica según va creciendo el ave; cuando son jóvenes presentan un color inicial pardo oscuro (mezcla de marrón, gris y blanco), que no tiene nada que ver al color que presenta cuando es adulto. Aunque a simple vista no se observe, las puntas de las plumas más largas de las alas son de un color negro intenso, pero solo es visibles cuando el pájaro extiende sus alas. Si nos vamos al ibis eremita, o ibis calvo del norte, observamos que se aleja totalmente de los colores llamativos. Es un ave de plumaje negro, con reflejos metálicos verdes y púrpuras. Cuando se hacen adultos exhiben una cabeza pelada y roja, y unas largas plumas colgantes sobre la nuca y la parte alta del cuello. La diferencia del eremita joven del adulto es que los inmaduros son más apagados, con cabeza más oscura y plumas ornamentales menos desarrolladas. Ambas especies tienen el pico largo y curvo, pero el rosado lo puede tener rojo o negro, mientras que el eremita lo suele tener rojo.

El ibis rosado se distribuye por las zonas costeras tropicales del norte de América del Sur, penetrando solo en el interior en la zona de los Llanos en Colombia y Venezuela. También habita en la mayoría de las islas que se encuentran cercanas a la costa. Otra zona de distribución es la costa sureste de Brasil, hasta el norte del estado de Santa Catarina. El ibis eremita vive en zonas relativamente áridas, ligado a ramblas, llanos y mesetas provistos de acantilados rocosos donde instalar las colonias de cría. También se alimenta, sobre todo en invierno, en campos de cultivo, prados y pastizales. Tiene una dieta esencialmente animal, a base de insectos y otros invertebrados, aunque en ocasiones también consume reptiles, anfibios, peces e incluso pequeños mamíferos. Instala en repisas sus nidos, hechos de ramitas y forrados con hierbas, pajas, etc. Las puestas típicas constan de dos a cuatro huevos.

En cuanto a la conservación de la especie, el ibis rosado no se encuentra en peligro de extinción, pero sí es cierto que se encuentra bastante protegido, pero la UICN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza) lo ha catalogado como una especie de preocupación menor. El ibis eremita, por el contrario, en una escala del 1 al 5, se encuentra en una preocupación de peligro de extinción de un 3, como podemos observar en la siguiente foto. En Europa se extinguió ya hace mucho tiempo, pero sobrevivieron muchas colonias en Argelia y Marruecos hasta principios del siglo XX.