M. Carmen Molina

Universidad Rey Juan Carlos – Comisión Diocesana de Ecología Integral (Madrid)

Las cosas no pintan bien para nadie. Aun nos levantamos con la resaca de la COP25, una conferencia en la que faltaban los países más contaminantes. Una cumbre que no ha servido para mucho, ni en el contenido ni en el continente. En el contenido, donde las Partes no llegaron a acuerdos en los mercados del carbono, hubo una  ausencia de compromisos en materia de legislación internacional  y poca o ninguna asunción de responsabilidades en términos de deuda ecológica. En el continente, donde asistimos atónitos a importantes incongruencias entre lo que se decía en los micrófonos y cómo se vivía dentro del recinto. El  desmonte de la feria no fue mejor, entre contenedores donde se mezclaban los residuos y comentarios de los responsables, señalando a otros y diciendo: “yo no fui, pregunte a aquel” (Moraleda 2019). Hace unos días nos desayunamos con la noticia de que el Presidente Trump, quien saco a EEUU del Acuerdo de París, pretende rebajar los requisitos de los estudios medioambientales para grandes infraestructuras, lo que permitirá acelerar proyectos como oleoductos, gaseoductos o aeropuertos (De Sandoval, 2020). Con este panorama social y político no es de extrañar las noticias que desde la ciencia nos llegan. Recientemente, Peters y colaboradores (2020) han publicado en Nature Climate Changes que, a pesar de la moderada desaceleración de la última década, las emisiones de CO2 siguen creciendo con un importante incremento en países como China, India y otros en vías de desarrollo.

Manteniendo el equilibrio ambiental desde las virtudes.
Elena Castro.

La crisis socioambiental se sustenta en una crisis ética con escasez de valores realmente eficaces. ¿Qué estamos haciendo los  cristianos? Pues depende. Recientemente, Shao (2017), en un estudio sociológico multivariante publicado en Enviromental Politics, revela que en EEUU, los evangélicos fundamentalistas no admiten el cambio climático o si lo asumen, piensan que ocurre por causas naturales. Esta denominación cristiana, tiene además, una fuerza política importante en el país. Sin embargo, no es menos cierto que en los últimos años se está dando una “ecologizacion” del cristianismo (greening of christianity) en todas las denominaciones cristianas, también en la Iglesia Católica. Este “cristianismos verde” nace, de la aceptación de la realidad científica y social (IPCC, 2018), de la conciencia de que tenemos que empezar a cambiar la cosas y de la recuperación y puesta en valor de nuestra tradición cristiana (Tatay, 2016). Faltan valores proambientalistas y la implicación, en el discurso internacional, de una ética medioambiental. El Papa Francisco, en Laudato si’ nos lo recuerda: “Ya hemos tenido mucho tiempo de degradación moral, burlándonos de la ética, de la bondad, de la fe, de la honestidad, y llegó la hora de advertir que esa alegre superficialidad nos ha servido de poco” (LS 229). Vayamos a las fuentes y usemos las virtudes morales. El Papa insiste en que  “para que la norma jurídica produzca efectos importantes y duraderos, es necesario que la mayor parte de los miembros de la sociedad la haya aceptado a partir de motivaciones adecuadas, y que reaccione desde una transformación personal. Sólo a partir del cultivo de sólidas virtudes (el subrayado es mío) es posible la donación de sí en un compromiso ecológico” (LS 211).

Según el Catecismo de la Iglesia Católica (CIC 1804) “Las virtudes humanas son actitudes firmes, disposiciones estables, perfecciones habituales del entendimiento y de la voluntad que regulan nuestros actos, ordenan nuestras pasiones y guían nuestra conducta según la razón y la fe. Proporcionan facilidad, dominio y gozo para llevar una vida moralmente buena. El hombre virtuoso es el que practica libremente el bien”.  Las virtudes humanas son muchas, las más importantes (cardinales), de las que surgen todas las demás son la prudencia, fortaleza, templanza y  justicia y estas se sustentan en las virtudes teologales (fe, esperanza y caridad) que nos permiten participar de la naturaleza divina” (CIC 1812). Algunas de las más útiles en materia ambiental son: prudencia, sabiduría e inteligencia para conocer y discernir qué hacer. La diligencia, contra la omisión, la indiferencia y la falta de activismo pro-ambiental. La  caridad, que nos predispone a la entrega y generosidad con los demás y a amar la naturaleza en sí misma. La templanza contra el materialismo y el consumismo sin control, nos procura el equilibrio respecto al uso de los bienes creados. La sobriedad, de la que nuestra tradición monástica tiene tanto que enseñarnos. La gratitud y gratuidad para reconocer que el mundo es un don y no nos pertenece. La paciencia contra los problemas ambientales que nos inundan. La castidad y la  fortaleza para el control voluntario de los placeres y la eliminación de las perversiones socioambientales. La generosidad frente a la cultura del descarte y la humildad para, como San Francisco de Asís, hablar con Dios sobre nuestra hermana Tierra y a la Tierra de Dios. Según St. Tomás de Aquino, la justicia consiste en la voluntad constante y firme de dar a Dios y a los demás lo que se debe (CIC1807). Desde la ética ambiental, el ser humano justo es el que reconoce la naturaleza como una entidad legal con derechos y considera la justicia ecológica, como parte de la virtud (Urzúa 2013). Y por supuesto, la alegría que debería ser señal de identidad y que nos inmuniza contra la tristeza (un pecado capital según St. Juan Casiano).  La alegría, que nos protege del negacionismo (Valladares et al., 2019) o catastrofismo que nos circunda.  

Los niños de Chile y el cambio climático. Exposición COP25

Todas las virtudes son esenciales y nuestra sociedad, carece de todas, pero hay una que urge de manera explícita, la diligencia. En este sentido, el Papa Francisco en Laudato si’ nos insta, exhorta, con-mueve a un “dinamismo duradero”. La diligencia educativa es esencial para la conversión ecológica. “…Todas las comunidades cristianas tienen un rol importante que cumplir en esta educación. Espero también que en nuestros seminarios y casas religiosas de formación se eduque para una austeridad responsable, para la contemplación agradecida del mundo, para el cuidado de la fragilidad de los pobres y del ambiente” (LS 214). De esta diligencia educativa nace una diligencia social, un activismos proambiental al que se nos invita en el Sínodo Amazónico (2019): “…También proponemos crear ministerios especiales para el cuidado de la casa común y la promoción de la ecología integral a nivel parroquial y en cada jurisdicción eclesiástica, que tengan como funciones, entre otras, el cuidado del territorio y de las aguas, así como la promoción de la encíclica Laudato si’”. Una invitación que ya se está encarnando en algunas diócesis como en la de Madrid con la creación, desde el año 2015, de la Comisión Diocesana de Ecología Integral (https://cdeimadrid.archimadrid.es/).

Bibliografía

IPCC (2018): Summary for Policymakers. In: Global warming of 1.5°C. An IPCC Special Report on the impacts of global warming of 1.5°C above pre-industrial levels and related global greenhouse gas emission pathways, in the context of strengthening the global response to the threat of climate change, sustainable development, and efforts to eradicate poverty [V. Masson-Delmotte, P. Zhai, H. O. Pörtner, D. Roberts, J. Skea, P. R. Shukla, A. Pirani, W. Moufouma-Okia, C. Péan, R. Pidcock, S. Connors, J. B. R. Matthews, Y. Chen, X. Zhou, M. I. Gomis, E. Lonnoy, T. Maycock, M. Tignor, T. Waterfield (eds.)]. World Meteorological Organization, Geneva, Switzerland, 32 pp.

Moraleda, A (2019) Las ocho incoherencias de la cumbre del clima: así se contradice el ecologismo en la COP25. https://www.elespanol.com/ciencia/medio-ambiente/20191212/incoherencias-cumbre-clima-contradice-ecologismo-cop25/451205986_0.html

Peters, G. P., Andrew, R. M., Canadell, J. G., et al. (2020). Carbon dioxide emissions continue to grow amidst slowly emerging climate policies. Nature Climate Change 10: 3-6.

Shao, W. (2017). Weather, climate, politics, or God? Determinants of American public opinions toward global warming. Environmental Politics 26: 71-96.

Tatay, J. (2016). Experiencia religiosa y Laudato si’ Corintios XIII 159: 48-65.

Urzúa, L. and Alberto, J. (2013). La ética medio ambiental: principios y valores para una ciudadanía responsable en la sociedad global. Acta bioethica 19: 177-188. Valladares et al., (2019). Cambio climático, huracanes, deforestación y otras verdades científicas. Expasion.http://rsocial.expansionpro.orbyt.es/epaper/xml_epaper/Expansi%C3%B3n/28_09_2019/pla_3634_Nacional/xml_arts/art_17857879.xml?SHARE=6C23C0F29C6C4F158F7CA6264B486305B653D3AF53CFD54244B9CF7F68DE73BF04081079E46A12AB82E80AD6DC66B3A55932A1D57C3FE707D2E57AEBC09D5FD935DE3C0897F9D4D334185F5509A73648494AE558B98C2D57E4A001D5A5C982E8