En la Île de la Cité – isla natural del río Sena – la tribu celta de los Parisii, alrededor del año 200 a.C. eligió este territorio para fundar el pueblo de Lutecia. Este asentamiento sobreviviría a los ataques de las tropas normandas y vería como el imperio romano se desmoronaría ante sus ojos; sin embargo, nunca dejó de crecer, ni dejará de hacerlo. Lutecia, nombrada así por los celtas, evolucionaría hasta convertirse en París.

Por las calles de esta histórica urbe han nacido, han crecido y han pasado cientos de artistas: Claude Monet nació en Rue Laffite, Jean Renoir creció en el Saint Marie de Monceau, y Ernest Hemingway vivió en el barrio latino. Estos, son solo uno de los muchos genios que cada vez que pasaban por el IV distrito de París, o Île de la Citè, contemplaban la catedral de Notre Dame, al igual que otros millones de personas durante más de 800 años.

«Nuestra Señora» ,nombrada así en honor a la Virgen, nacío de un cambio.La sociedad parisina vivía una transición; el ruralismo propio del feudalismo moría con el nacimiento del comercio y la aparición de la burguesía. En 1160, la Iglesia de San Esteban, herencia de la basílica románica de Saint Etienne, no encajaba con la nueva sociedad. El seno de la iglesia había cambiado al igual que el pueblo parisino. Bajo la influencia de las posibilidades de formas y de construcción de la arquitectura gótica. Los franceses y el clero urbano comenzaron la edificación de Notre Dame. La obra comenzó en el año 1163 y terminó en el 1345, cuando esta catedral se convirtió en el símbolo de París. Por esta razón cuando el 15 de Abril de 2019, cuando la aguja de la catedral caía a causa de un incendio ocasionado en el techo de la construcción, una parte de París moría. Notre Dame trasciende más allá de las murallas de París. Es un símbolo de la cultura occidental, no solo eso, París es una de las ciudades con mayor número de turistas, tanto que los propios parisinos desean que su ciudad no sea tan especial, pero “París era una fiesta”. Y tan fiesta, tanto que el mundo no quería ver como perdía el símbolo de la cultura; sin embargo, a día de hoy estamos perdiendo el pulmón del planeta, pero ¿ por qué la comparamos con el Amazonas?

Es evidente que lo que se vive en el Amazonas es un drama que concierne a todos. Mientras que Notre Dame es una obra maestra del ser humano, el Amazonas es una obra maestra de la naturaleza que al igual que Notre Dame en su día, hoy se enfrenta a las llamas. Contextos totalmente diferentes, inconexos, pero unidos por la política y el dinero.

Esto declaraba Bolsonaro a Macron : “no logra evitar un incendio previsible en un iglesia que es patrimonio de la humanidad y ¿qué pretende enseñarle a nuestro país?”, frivolizando sobre el incendio, antes la Administración Macron había culpado a las políticas de Bolsonaro de “facilitar” los incendios.

En esto se ha convertido el Amazonas, en un cruce de palabras políticos donde se frivoliza con el dinero de donativos, o con quien actuó más rápido o mejor. El dinero es necesario, tanto que el actor Leonardo Di Caprio pedía a través de su fundación donativos para paliar el fuego. Destacaba la importancia que tiene el Amazonas para el planeta y pedía una implicación económica mayor en el incendio.

El Amazonia lleva ardiendo más de 14 días, Notre Dame ardió durante horas, y en esas horas recibió sumas millonarias para la posterior reconstrucción de las zonas dañadas. Esta desigual forma de cuantificar el daño, ha levantado cierto resentimiento al compararse con el drama francés. Esta disparidad se puede deber a razones como la cercanía cultural, sentimientos o formas de entender el mundo. Ambos desastres no son comparables, ni a nivel económico, ni en cuanto a pérdidas, ni siquiera a nivel simbólico.

A pesar de no ser comparables, sí que hay ciertos puntos donde se puede realizar esta comparación; los profesionales en ambos casos siguieron trabajando en la extinción del fuego, sin parar;y aunque no llegue la misma cantidad de dinero por parte de grandes empresas, definitivamente ha despertado el sentimiento de solidaridad, del que no tardará en llegar las ayudas millonarias, o las pequeñas aportaciones.