Los artistas pueden desempeñar un papel de especial relevancia a la hora de conservar los entornos naturales. De hecho, su intercesión fue fundamental en la preservación del Valle de Yosemite, dos de los primeros espacios naturales que gozaron de medidas legales de protección por parte del estado. Pero al mismo tiempo, el exceso de codificación semántica que tienen algunos de estos parajes hace que, en ocasiones, la experiencia estética ceda el paso a la consumación cultural. En este sentido, se deja abierto el interrogante de si el arte podría funcionar, no solo como elemento de codificación o consumación cultural sino como un factor permita, además, mantener viva la capacidad de asombro en el espectador.yosemite

El 20 de enero de 2009 se celebró en el Salón Nacional de Esculturas del Capitolio de Washington, el almuerzo inaugural con el que arrancaba la legislatura del presidente de los Estados Unidos, Barak Obama. Desde 1985, en este acto se estableció la costumbre de colocar un cuadro detrás del asiento del presidente elegido, que se utiliza como símbolo de lo que será el tema de la ceremonia inaugural, y que es al mismo tiempo una declaración de intenciones que complementa el discurso que ese día hace el presidente.
La imagen elegida por Obama fue un lienzo de Thomas Hill titulado Vista del Valle de Yosemite. La prensa del momento recogía que la imagen pretendía tanto evocar el majestuoso paisaje del oeste de los EEUU como el amanecer de una nueva era. El cuadro se pintó en el año 1865, momento en el que era presidente de los Estados Unidos Abraham Lincoln, una figura hacia la que Barak Obama había manifestado su admiración en varias ocasiones. Durante el mandato de Lincoln tuvieron lugar algunos hechos tan relevantes en la Historia de Norteamérica como la Proclamación de Emancipación, que dio posteriormente lugar a la Decimotercera Enmienda, que abolía la esclavitud; el Discurso de Gettysburg o el fin de la Guerra de Secesión. Pero también fue Lincoln el que firmó en 1864 la primera normativa que iba encaminada a la protección de un espacio natural, precisamente el Valle de Yosemite y el Bosque de los Grandes Árboles de Mariposa. Fue el primer entorno natural protegido dentro del marco federal en los EEUU, años antes de que Yellowstone fuera declarado el Primer Parque Nacional 1872.
Parece aceptado que uno de los factores que animó a Lincoln a tomar esa decisión fueron unas imágenes que el fotógrafo Carleton Watkins (1829-1916) realizó en el valle californiano en 1861. Carleton Watkins había llegado a California en 1851 atraído por la fiebre del oro. Allí se dedicó a fotografiar las minas, unas imágenes que eran usadas con una doble intención: por una parte, para documentar los trabajos de minería y por otra para atraer a los inversores. También tomaba registros de las tierras para presentar las fotografías como pruebas en litigios relacionados con el reparto del terreno. Allí entró en contacto con James Mason Hutchings, un empresario que estuvo relacionado con mundo de la minería y que, convertido en editor, fue uno de los hombres clave en el desarrollo del turismo además de uno de los principales promotores del Parque Nacional de Yosemite. En la década de los 50 lanzó en sus publicaciones del Hutchings’s Illustrated California Magazine numerosas imágenes del Valle de Yosemite. Estas eran grabados que estaban basados a menudo en fotografías, algunas de las cuales eran obra del propio Watkins.
Las fotografías que tomó Watkins de Yosemite en el verano de 1861 se extendieron por todo el territorio del estado norteamericano y no fue Hutchings su promotor. Se cree que pudo ser Trenor W. Park, un hombre de negocios y político que estuvo dirigiendo en esos años una mina en Mariposa, o John y Jessie Frémont, que también se dedicaban a la explotación minera en ese lugar que estaba en una de las rutas más frecuentadas hacia el Valle de Yosemite. No existen demasiados datos de esta expedición, pero seguramente Carleton Watkins no iba solo pues el equipo que transportaba pesaba cerca de una tonelada. Portaba placas de vidrio conocidas como placas mamut, que medían 22 x 18 pulgadas (45,7 x 55,9 cm.), que usaba como negativo para poder captar convenientemente el espacio monumental de Yosemite. Necesitaba transportar además: cámara, lentes, trípodes, tienda de campaña y cuarto oscuro portátil, cosas todas que acarrearon doce mulas durante más de 120 km. Allí tomó numerosas imágenes, algunas de ellas estereoscópicas que era un entretenimiento muy común en un amplio sector de la población.
En 1862 las imágenes de Watkins del Valle de Yosemite se exhibieron en la galería neoyorquina Goupil, y se cree que fue el senador californiano John Conness, uno de los principales promotores de la protección de esta zona, el que se las mostró al presidente en 1863. Al año siguiente, Lincoln respondió con la normativa que protegía tanto Yosemite como el terreno aledaño de Mariposa, con el mandato además de que fuera de dominio público y gestionado por el gobierno federal de California.
Estas fotografías provocaron un gran impacto entre la opinión pública. Hay que tener en cuenta que en este momento la fotografía tenía un valor de prueba documental veraz y así se aceptaba incluso en los tribunales. Se entiende entonces el comentario que el mismo Ralf Waldo Emerson hizo, al contemplar la enorme sequoia Grizzly Gyant fotografiada por Watkins. Dijo que las imágenes “hacían posible el árbol” ya que daban fe de su existencia . Ciertamente, la grandeza de ese espacio parece que tenía que ser registrada y dada a conocer para poder ser vista, y el arte era una herramienta para constatar esa veracidad. Era un paisaje absolutamente extraordinario, y tanto los afloramientos rocosos de aspecto totémico, las cascadas, los ríos sinuosos como los lagos que parecían espejos, se recibieron con entusiasmo (Fig. 1).
Yosemite se convertía en un paisaje que iba más allá del conflicto secesionista y las imágenes de Watkins creaban una imagen del espacio americano que reforzaba la idea mítica del wilderness transformado en Edén. Las escenas de Watkins transmitían inmutabilidad. Las piedras, las cascadas y los árboles tenían entidad en sí mismos. En estos espacios no había presencia humana, pero tampoco la necesitaban ya que parecían estar. No necesitaban de la presencia de los hombres, pero al mismo tiempo se convertían en un reclamo para ir al Oeste, una esperanza después de la contienda, pues era una tierra que no se había visto afectada por el conflicto que se abría como una posibilidad de unión nacional.
Yosemite volvía a encarnar la compleja idea del wilderness, un término que evoca un concepto complejo, a mitad de camino del territorio inhóspito y la pastoral virgiliana. Sobre esta idea del wilderness, los primeros colonos ya habían establecido los conceptos básicos de naturaleza que sirvieron para forjar el carácter y la cultura norteamericana. Esa naturaleza apabullante e indómita, que rebasaba los límites de lo sublime europeo, no sólo era una oportunidad para obtener beneficios económicos sino era también para habitar un paraíso sobre la tierra. La construcción de una nueva identidad, entre estas gentes herederas del legado cultural europeo, debía entroncarse con un elemento salvaje. Una cuestión que no es extraña pues si se rastrea en numerosos mitos fundacionales, en la instauración de cualquier cultura se busca el nexo con el elemento salvaje y originario. Pero esta es una idea paradójica, pues al tiempo que había que entroncarse con un pasado silvestre había que destruir todo lo que de indómito tenía ese territorio. Era un nuevo comienzo en un paraíso pero para llevarlo a cabo no había ningún reparo en introducir las máquinas en ese jardín bucólico, como si los artefactos fuesen una fuerza más de la naturaleza dentro de ese wilderness que había que domesticar.
Muchos fueron los artistas que acudieron a partir de este momento y, sobre todo, desde que en 1869 el ferrocarril se terminó de construir. A Yosemite viajaron durante las décadas siguientes, entre otros, los pintores Alfred Bierstad, Georges Innes, Virgil Williams y Thomas Moran, o los fotógrafos Muybridge y Anselm Adams. Thomas Hill (1929- 1908), fue uno de los primeros en acudir después de que el espacio de Yosemite fuese declarado protegido. Era un pintor de origen británico que se formó en el Este en contacto con la Escuela del río Hudson, aunque terminó asentándose en el Oeste. Hill, junto con Virgil Williams (1830-1886), otro pintor del este, realizó una visita a Yosemite en 1865. En él también iba Carleton Watkins, un viaje que parece que estuvo subvencionado por Josiah D. Whitney, jefe del Geological Survey of California (Servicio Geológico de California). La expedición estaba compuesta por botánicos, geólogos, topógrafos y artistas invitados. El resultado de esta aventura se publicó en el informe titulado The Yosemite Book, que contenía 24 fotografías de Watkins.
Mientras la expedición trabajaba en Yosemite, los artistas fueron consultados por Frederick Law Olmsted (1822-1903) acerca de cuáles eran las vistas más espectaculares del parque. Olmsted, que ya estaba trabajando desde hacía unos años en la realización del Central Park de Nueva York, había estado prestando su servicio hasta 1863 a una compañía minera de Mariposa. Olmsted hizo en 1865 un informe preliminar para la gestión del territorio que fue preparando el camino para el desarrollo de la idea de Parques Nacionales. Como miembro de la comisión designada para administrar la concesión del Valle de Yosemite, en este informe recogía cuestiones como la de que el contacto con la naturaleza era un factor primordial para procurar el bienestar humano, y cómo el cuidado de los paisajes revierte en el beneficio de las gentes que los habitan. También hacía alusión al gusto que tenían las clases poderosas, sobre todo de la emergente burguesía, por retirarse al campo y fundirse con la naturaleza. En este sentido, abundaba en la idea que era también necesario que lo disfrutase el pueblo y no sólo las clases pudientes. Otra de las cuestiones en la que insistía era en la necesidad de que los gestores debían ser asistidos por artistas de paisaje y por estudiosos de las Ciencias Naturales. Que Olmsted consultase a los artistas y que los considerara, además, asesores imprescindibles en su empresa, ponía en valor la dimensión estética en la gestión de los lugares naturales.
REFERENCIAS
Naef, W. J. y Hult-Lewis, Ch., Carleton Watkins: The Complete Mammoth Photographs, Los Angeles, The J. Paul Getty Museum, 2011.
Nael, W. J., Carleton Watlins in Yosemite, Los Angeles, The J. Paul Getty Museum, 2008.

POr Ana Ana Esther Santamaría Fernández