La encíclica Laudato Si muestra como conservar los bosques y otros recursos naturales es un camino para la paz y el desarrollo de los más pobres y señala el camino: la apuesta por las comunidades locales y la subsidiariedad que empodera a las personas haciéndolas protagonistas del proceso de desarrollo econó­mico y social. El problema fundamental para los países en desarrollo es que este camino exige educación y participación como señala el Papa Francisco. Mientras no haya educación, muchos habitantes de zonas pobres seguirán prefiriendo el pez a la caña de pescar, traer inversiones a pesar de renun­ciar a sus tierras, comida para hoy pero hambre para mañana. Por otra parte, la participación en las decisiones políticas que afectan a la tierra y los recursos naturales es el otro factor esencial. Este es el proceso de compartir decisiones sobre los asuntos que afectan a la vida personal y de la comunidad en la que se vive.

El Papa denuncia la tecnocracia que parece invadir también el pensamiento desarrollista.  En el proceso de desarrollo, específicamente en muchos países africanos compiten por los recursos natura­les dos tipos de estructuras, las internacionales comerciales unidas a los gobiernos, y el mundo rural que subsiste, las comunidades locales. Y esta confrontación parece inevitable. Si África ha de desarrollarse y salir de la miseria –se piensa–, es necesario crecer, y el crecimiento requiere inversión, y la inversión solo puede venir de manos extranjeras, así pues es necesario ceder, dar algo a cambio, los recursos naturales. Sin embar­go, como muestra el Papa Francisco, existe un camino alternativo: El principio de subsidiaridad y participación. El principio de subsidiariedad es en inicio clave para garantizar la paz en este sentido. Es esencial asegurar que los derechos y las responsabilidades estén claros para que los beneficios derivados de las tierras y bosques en las que viven los pobres sean respetados y sean equita­tivamente repartidos y fortaleciendo sus instituciones propias.

¿De qué sirve a corto plazo duplicar el PIB si en este tránsito las personas abandonan sus comunidades y se lanzan a vivir en suburbios inhumanos en los que aflora la violencia? La comunidad, el fortalecimiento de la comunidad que asume su centralidad y protagonismo es la base del desarrollo. Las comunidades deben ser las protagonistas de su desarrollo, nadie puede desarrollarlas en su lugar. El crecimiento económico es importante obviamente, pero no debe serlo a costa de considera a las personas exclusivamente como individuos carentes de una dimensión relacional, comunitaria. Es solo la comunidad la que tiene una mínima capacidad para defenderse de los intereses ciegos de corporaciones transnacionales que pueden destruir los ríos, los bosques o quedarse con las tierras de las tribus como sucede en África; Asia o América Latina tristemente con el apoyo implícito o explícito de los propios gobiernos nacionales en muchos casos. Son solo comunidades conscientes de su dignidad, empoderadas con el conocimiento y la democracia, fortalecidos en su capacidad productiva, de resilencia y culturales las que pueden lograr que el desarrollo no pase por sacrificios que en nombre del crecimiento económico arruinen la organicidad de la sociedad. Sólo una sociedad que se estructura partiendo de sus comunidades más básicas en capaz de hacer de una sociedad organizada y que genere una economía “como si las personas importaran[1]”. El desarrollo no puede ser exclusivamente una ayuda de arriba, del gobierno, a abajo, al pueblo. Si bien el gobierno es el actor fundamental para canalizarla, es la sociedad civil la que debe “crecer”, crecer en el sentido más pleno y hermoso de esta palabra, es decir no solo “aumentar de tamaño, cantidad o importancia”, sino también en el sentido en el que hablamos de “crecernos” ante las dificultades, es decir, de adquirir mayor autoridad, importancia, atrevimiento o seguridad. La Laudato propone un renovado compromiso de la cooperación al desarrollo y la conservación con el crecimiento de la sociedad civil.

[1] Schumacher, E. (1978) “Small is beautiful”