Creo que Beethoven dijo que “la música es el lenguaje de Dios”. Y la palabra música viene, al fin y al cabo, de las musas que, en la mitología griega, eran espíritus que se manifestaban en la Naturaleza. Como somos cristianos, entendemos que no hay otro Espíritu que nos hable en la Naturaleza que Dios. El canto de los pájaros, el rumor del viento en la copa de los árboles, el murmullo del agua, cada ola que rompe en la playa,… son, y no metafóricamente, sino en realidad, música. Música de Dios. Un lenguaje misterioso, el de la belleza

La Vida toda es un lenguaje. Lo es cada átomo, cada molécula, cada roca, cada célula,… Y el universo entero una magna composición. Y el hombre, cuando se une a Dios, vibra y se siente  como una nota más en ésa grandiosa composición, en ésa danza de las partículas y los astros.

El Cosmos entero es la sinfonía viviente de un Único y verdadero intérprete. Ése que en los albores comenzó a entonar el grandioso canto de la Creación. Ése que, según el libro del Génesis, comenzó su recital con un “haya luz”. Y hubo luz. Primera estrofa. Luego seguirían otras estrofas: el firmamento, la luna, el sol, las montañas, los mares, los ríos, la plantas, los animales, el hombre,… Todos nacían de la misma fuente cuya voz les mantenía vivos.

La Palabra de Dios, tal y como se ve en la Biblia, cobraba forma en la Naturaleza. No era un Dios distante que creó la Naturaleza como quien hace una máquina y la deja funcionar de forma autónoma, alejándose de ella. No. Era y es un Dios cuyo espíritu está en todo. “El espíritu del Señor llena la tierra y lo mantiene todo unido” (Sab 1, 7).

Es el Dios Vivo. Y cuando vemos que se habla de su “palabra” no debemos entender que es una palabra como estas a las que estamos acostumbrados. El término “palabra” significa su Espíritu actuando. Su “palabra” es su Espíritu animando todo en el universo, haciendo brotar cada hierba, formando cada criatura en el seno de su madre,…”Hablaste y fueron creadas, enviaste tu espíritu y existieron” (Jdt 16,14). “Si retiras tu soplo expiran ellos y a su polvo retornan. Si envías tu aliento son creados” (Sal 104 (103). Un Dios viviente, cuya “respiración” es nuestra vida. “Señor amador de la Vida. Porque tu espíritu incorruptible está en todas las cosas” (Sab 12, 1). Como dijese San Pablo “en Él vivimos, nos movemos y existimos” (He 17,22-29). Dios nos envuelve. Su Espíritu está dentro y fuera de nosotros. Dentro y fuera de todo lo que vemos.

Carlos de Prada

Premio Global 500 de las Naciones Unidas

Premio Nacional de Medio Ambiente