Halos solares y visiones celestes


Los que están acostumbrados a contemplar el cielo quizás no se sorprendan al ver, de cuando en cuando, una circunferencia iridiscente alrededor del Sol. Este fenómeno, que se conoce como halo solar o anthelia, consiste en un efecto óptico de refracción que se produce al pasar la luz del sol a través de pequeños cristales de hielo que funcionan a modo de prisma. Estos cristales se encuentran en las nubes más altas de la atmósfera, en los cirros o en los cirrostratos, que están en la parte superior de la troposfera. Se ven con mayor frecuencia en las zonas frías del planeta y, cuando aparecen en otras latitudes, suelen preceder a tormentas de lluvia o nieve.

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Halo solar.

Hay quien piensa que la experiencia onírica o la visión celeste que tuvo el emperador Constantino el Grande antes de la Batalla del Puente Milvio, y que fue un paso significativo hacia su conversión al Cristianismo, podría estar relacionada con este tipo de fenómeno meteorológico. No queda claro, sin embargo, si Constantino fue un ferviente religioso o si esta faceta “milagrera” del gobernante era un mero complemento de su dimensión de estratega político. Sea como fuere, existen referencias de este suceso tanto en escritos paganos como los Panegíricos Latinos (VII y X) como en los de los escritores cristianos Lactancio y Eusebio de Cesarea.

En el Panegírico VII, 21, 4-5 se dice que Constantino vio al dios Apolo, deidad solar, acompañado de la Victoria, pero no se explicita si el hecho tuvo lugar mientras dormía o durante un periodo de vigilia. Lactancio también alude a estas visiones en De mortibus persecutorum, un texto escrito en 313 que, aunque hace hincapié en los castigos que recibieron los emperadores enemigos de los cristianos y tiene un marcado cariz apologético, también posee un innegable valor histórico en lo concerniente a los primeros años de mandato de Constantino. En el escrito de Lactancio, la aparición se produce mientras el emperador estaba durmiendo, en un lugar cercano a Roma, junto al Puente Milvio, lugar en el que tuvo lugar la batalla contra Majencio, enemigo del Cristianismo. Durante el sueño, Constantino recibe la orden de Dios de colocar en los escudos de su ejército, el símbolo de Cristo. Este símbolo, el cristograma o crismón, se incorporó al estandarte que portaban los militares romanos conocido como labarum. Estaba formado por las letras griegas X (chi) y P (rho), las dos primeras de Χριστός, el nombre de Cristo en griego y a veces aparecía rodeado por una corona que podría estar relacionada con el símbolo solar.

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Parhelio.

El texto más explícito es el de Eusebio de Cesarea aunque es también uno de los más discutidos en cuanto a su veracidad. Relata, en Vita Constantini, cómo tanto el emperador como los soldados que le acompañaban vieron en pleno día el símbolo de la cruz en el cielo al lado de las palabras: “con esta vencerás”. En este caso, parece que se relataba un hecho, si no sobrenatural, al menos poco común al que también asistieron testigos y que se piensa que sucedió poco antes de la Batalla del Puente Milvio. La historia de Eusebio se completa con un sueño en el que, al igual que en el escrito de Lactancio, Dios le encarga a Constantino colocar el símbolo que vio como emblema de su ejército.

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Homilías de San Gregorio Nacianceno (Manuscrito 510, folio 440, Biblioteca Nacional de Francia).

 

Algunos especialistas, como Hans A. Pohlsander, creen que el fenómeno que pudieron presenciar tanto el emperador como sus soldados pudo ser un halo. El halo solar, si se presenta en forma de parhelio (esto es, con presencia de una franja de luz horizontal en cuyos extremos aparecen figuras a modo de falsos soles) y si se da, además, en ocurrencia con una columna solar, otro efecto óptico relacionado con el sol y con la refracción de la luz, produce la ilusión de que en el centro de la estrella hay una cruz.

Aunque se pueden encontrar en el arte algunas representaciones de este episodio de la vida de Constantino, como en las pinturas murales de la Sala de Rafael del Vaticano,  el ciclo de la Vera Cruz de Piero della Francesca en la Basílica de San Francisco de Arezzo o en las Homilías de San Gregorio Nacianceno (Manuscrito 510, folio 440, Biblioteca Nacional de Francia), ninguna recoge el esplendor de este fenómeno meteorológico que se deja ver, de forma esporádica a los que permiten que su mirada se pasee entre las nubes.

Bibliografía

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