-Han pasado casi tres años desde la publicación de la encíclica del Papa Francisco sobre Medio ambiente. Antes de la revelación de esta carta papal hubo gran expectación acerca de lo que podría ser y lo que no. ¿Cómo crees que ha reaccionado la gente desde su publicación? Y ¿Cómo crees que debe ser entendida?

 

He seguido con gran interés las reacciones a la Laudato si’, y muchas veces me ha venido a la mente la conocida fábula del ciego y el elefante, una fábula en la que el invidente toca distintas partes del animal y las identifica con objetos diferentes, una cuerda, una serpiente, un árbol, etc.

Algunos escritores han seleccionado partes del documento y lo han despreciado –o elogiado– catalogándolo como marxista, socialista o radical y han descrito al Papa como a un noepagano o un chiflado ambiental que ve a las personas y a la biosfera como una unidad indivisible. Hay incluso, quien lo ha llamado ¡antiprogresista o ludita!

No podemos negar –el Papa Francisco tampoco lo hace– que puede haber desacuerdos sobre los “juicios prudenciales”. Pero debemos considerar que siempre que decidimos tomar una parte por el todo, lo que se distorsiona es tanto la parte como el todo. El hombre ciego no ve al elefante en su conjunto, y por lo tanto malinterpreta sus partes, no es capaz de identificar la trompa con su estructura y funciones, por lo que la reconoce como serpiente. Cada persona debe encontrar el Gestalt, la forma del todo, para tener una comprensión verdadera de todas las partes de la naturaleza. De esta manera, uno debe analizar la encíclica al completo.

 

¿Qué consideras que es lo esencial de la Encíclica Laudato Si?

Para él Papa, esta no es “la encíclica del cambio climático” sino un himno a la visión católica del Dios Creador, la encarnación de Cristo y la creación como regalo de amor radicado en las Escrituras. Como dijo San Juan Pablo II en Centesimus Annus, “En la raíz de la insensata destrucción del ambiente natural hay un error antropológico, por desgracia muy difundido en nuestro tiempo.” La encíclica, al igual que la fe católica, debe entenderse como un todo. Por eso es clave para entenderla, lo que significa ser una persona y los pecados clamando por la reconciliación, lo que San Juan Pablo II llamó “las cuatro rupturas” y que Francisco repite en varias ocasiones en la Laudato Si’ “la reconciliación de las personas con Dios, consigo mismas, con el prójimo, con toda la creación.”

Cuando nos concentramos solo en partes concretas erramos en la comprensión tanto del todo como su significado, distorsionando las partes mismas. Hace un par de años asistí a la presentación de Laudato Si’ por el Cardenal Turkson del Consejo Pontificio para la Justicia y Paz ante las Naciones Unidas y me complació ver el enfoque con el que presentó el documento.

El Cardenal comenzó diciendo que el Papa Francisco “no se había propuesto escribir una carta sobre el cambio climático” ni que la encíclica era anti empresarial. Más bien, el propósito era vincular la ecología humana y la natural basándose en una actitud contemplativa y de oración hacia la creación. La necesidad de una postura contemplativa ante el don de la creación es un tema ya tratado en la obra de Hans Urs von Balthasar y Benedicto XVI en las partes relativas al pensamiento de la comunidad. Es el corazón más profundo de la relación de los santos con Dios; El Papa Francisco señala especialmente a San Buenaventura y San Juan de la Cruz en los párrafos 233 y 234.

Entonces, lo que tenemos en primer lugar es un himno al Creador; el trabajo que sigue es lo que San Juan Pablo II llamó en Reconciliatio et paenitentia (repetido varias veces por Francisco) la tarea central de la Iglesia: “reconciliar personas con Dios, consigo mismas, con el prójimo, con toda la creación”.

Debemos destacar que la encíclica no se dirige a los obispos, fieles y los “hombres de buena voluntad”, como otras encíclicas, sino simplemente a “cada persona que vive en este planeta”, que incluye personas de otras religiones y ninguna religión en absoluto.

 

-En base a esto, ¿cómo valoras la aceptación del público a la encíclica publicada en mayo de 2015? ¿Qué consejo darías a quienes quieran entender la encíclica tal y como fue concebida?

Parece que la mayoría de los medios de comunicación no leyeron más allá del Capítulo Uno, por lo que la conversación pública está absorta en discusiones sobre temas de políticos. Por ello, modestamente, propongo lo siguiente: sugiero leer los capítulos en un orden que no corresponde.

“En nuestro final es nuestro comienzo”, dijo T.S. Eliot y “fin” no debe entenderse simplemente como “el último momento en una cadena de eventos”, sino en el sentido católico de un telos, aquello de lo que todas las cosas se originan, hacia el cual apuntan todas las cosas, y en el que todas las cosas culminan.

Propongo comenzar por el Capítulo Seis, Sección VI. La Eucaristía es nuestra fuente y cumbre, como dijo San Juan Pablo II, “el centro viviente del universo, el núcleo desbordante de amor y de vida inagotable…. La Eucaristía se une al cielo y la tierra; abraza y penetra toda la creación. El mundo que salió de las manos de Dios regresa a él en bendita e indivisa adoración.” Esto nos recuerda la alabanza del cosmos (como dice nuestra liturgia, “Padre, tú eres santo en verdad, y toda la creación te alaba con razón “). Volviendo a las Secciones VII y VIII, encontramos al Dios Trino, el creador y centro de la realidad, la misma estructura Trinitaria de esa realidad, y María, asumida en el cielo no solo como la Madre de Dios, sino como la Reina de toda la creación.

 

 ¿Cómo se entiende la relación entre el hombre y la naturaleza en la Laudato Si’?

Benedicto XVI escribió en Caritas in Veritate que necesitamos una “evaluación crítica más profunda de la categoría de relación”, una que no confíe solo en las ciencias sociales, sino que requiera metafísica y teología “para que la dignidad trascendente del hombre se entienda de manera adecuada”. A pesar del intento de reducir nuestra conexión simplemente al hecho de que cada criatura en la tierra comparte una biología similar, o una química similar, o el mismo zumbido blanco de energía, o es interdependiente en términos de la cadena alimentaria, el Papa Francisco deja en claro la enseñanza de la Iglesia que nuestra relación es mucho más profunda; es una relación desde y hacia Dios como Creador, haciendo todas las criaturas, como dice el Padre Robert Barron, nuestros “hermanos ontológicos” (siempre recordando el lugar único y la dignidad de las personas). Es el Amor de Dios Trino expresado en la estructura trinitaria de la realidad que explica cómo y por qué la creación es una red interconectada.

Las Personas divinas son relaciones subsistentes, y el mundo, creado según el modelo divino, es una trama de relaciones. Las criaturas tienden hacia Dios, y a su vez es propio de todo ser viviente tender hacia otra cosa, de tal modo que en el seno del universo podemos encontrar un sinnúmero de constantes relaciones que se entrelazan secretamente (240).

La forma común de ver a las personas es como relaciones “sustanciales” o “subsistentes”; Joseph Ratzinger escribió sobre esto en “Introducción al cristianismo” cuando dijo que la relación no es un “accidente” sino que tiene un significado intrínseco para las personas; es constitutivo. El Dios Creador no es un monolito sino una “comunión trinitaria” (239) de las Personas divinas, y como una comunidad relacional es el corazón de Dios, es el corazón de todo lo que Él creó. Una idea de la Iglesia que comenzó con los padres patrísticos fue que hay rastros o marcas de la Trinidad en todas las cosas creadas.

El Papa Francisco dice que San Buenaventura enseña que cada criatura tiene una estructura específicamente trinitaria (239); Yo agregaría que Santo Tomás de Aquino dijo que cada criatura lleva el rastro de Trinidad “(1) en su creación como individuo, (2) en tener una forma y (3) en estar relacionado con otras cosas”. En palabras de Stratford Caldecott, esta es la “radiante integridad que acompaña a la criatura como una estrella, reflejando dentro de los límites particulares de la criatura la inagotabilidad de la bondad divina como un siempre más”. Ver esto es comprender la “clave trinitaria para leer la realidad” (239).

Sin embargo, la Iglesia tiene una visión radicalmente diferente para los seres humanos en referencia al resto de la creación; una vez más, se trata de ambas cosas a la vez”. Las personas humanas, tal como fueron creadas, son parte de la red, pero al mismo tiempo, como se hacen a la imagen y semejanza de Dios, son únicas. El Papa, refiriéndose a Génesis en el Capítulo 2 Sección II, también nos recuerda que “San Juan Pablo II declaró que el amor especial del Creador por cada ser humano ‘le confiere una dignidad infinita'”.

 

Hay quien percibe una divinización de la naturaleza mientras que otros la conciben como un mecanismo, ¿qué les responde el Papa en la Encíclica?

La encíclica ha sido alabada y culpada (dependiendo de la perspectiva de cada uno) por su compatibilidad superficial con una especie de culto natural neopagano. Sí, es cierto que “Él está presente en lo más íntimo de cada cosa sin condicionar la autonomía de su criatura” (80), pero esto no implica “una divinización de la tierra” (90). “el pensamiento judío-cristiano desmitifica la naturaleza. Sin dejar de admirarla por su esplendor y su inmensidad, ya no le atribuyo un carácter divino. De esa manera, se destaca más todavía nuestro compromiso ante ella”. (78).

“Creación” no es equivalente a “naturaleza.” La naturaleza, según el Papa es “un sistema que se analiza, comprende y gestiona” (76). La creación sin embargo, abarca un significado más amplio y profundo que la naturaleza: “un don que surge de la mano abierta del Padre de todos, como una realidad iluminada por el amor que nos convoca a una comunión universal.” (76).

 

¿A que tipo de conversión ecológica nos está invitando el Papa?

Francisco señala repetidamente las inconsistencias de los ecologistas que “reclaman ciertos límites a la investigación científica” cuando se trata del medio ambiente y los animales, pero se niegan a hacer lo mismo con la vida humana: “Se suele justificar que se traspasen todos los límites cuando se experimenta con embriones humanos vivos”. (136) Hay otras inconsistencias señaladas: “Es evidente la incoherencia de la lucha contra el tráfico de animales en riesgo de extinción, pero permanece completamente indiferente ante la trata de personas, se desvela de los pobres o se empeña en destruir a otro ser humano que le desagrada ” (91), y “tampoco es compatible con la defensa de la naturaleza con la justificación del aborto” (120).

Aquellos ambientalistas que ignoran los “asuntos de la vida” evidencian “advierten una obsesión por negar toda la preeminencia a la persona humana, y se lleva adelante una lucha por otras especies que no se desarrollan para defender la dignidad igual entre los humanos” (90). Francisco está de acuerdo con lo que Benedicto XVI solía decir: ignorar la ecología humana termina destruyendo la ecología natural:

La falta de preocupación por medir el daño a la naturaleza y el impacto ambiental de las decisiones es solo el reflejo muy visible de un desinterés por reconocer el mensaje que la naturaleza lleva inscrito en sus mismas estructuras. Cuando no se reconoce en la realidad misma el valor de un pobre, de un embrión humano, de una persona con discapacidad –por poner solo algunos ejemplos–, difícilmente se escucharán los gritos de la misma naturaleza. Todo está́ conectado. Si el ser humano se declara autónomo de la realidad y se constituye en dominador absoluto, la misma base de su existencia se desmorona, porque, «en vez de desempeñar su papel de colaborador de Dios en la obra de la creación, el hombre suplanta a Dios y con ello provoca la rebelión de la naturaleza” (117).

Finalmente, una especie de ambientalismo puramente secular, desprovisto de trascendencia, es lamentablemente inadecuado; “Porque no se puede proponer una relación con el ambiente aislada de la relación con las demás personas y con Dios. Sería un individualismo romántico disfrazado de belleza ecológica y un asfixiante encierro en la inmanencia” (119).

Mary Taylor y su hijo Mike, secretario general del Instituto Laudato si para la Custodia de la Creación

-Entonces, ¿cuál debe ser la relación entre la ecología humana y la ecología ambiental?

La ecología humana no debe ser separada de la ecología ambiental. Este fue un tema recurrente en los papas Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco I. La principal preocupación de Benedicto XVI fue reconciliar dualidades aparentemente opuestas, como la fe y la razón, ya que cada factor necesita del otro, y está intrínsecamente relacionado con el otro: una “unidad en la distinción” provocada no a pesar de, sino debido a las diferencias entre ellos.

El Cardenal Turkson hizo esa comparación exacta, utilizando el ejemplo de fe y razón en Benedicto X

VI (véase la nota al pie de Francisco # 141), cuando dejó claro que la interrelación de la ecología humana y la ecología natural requería que sus diferencias solo pudieran verse a la luz de su unidad. No eran dos cosas separadas sino dos aspectos de una realidad.

 

Sin embargo parece que hay muchos católicos impermeables a esta conversión ecológica…

Los católicos no pueden usar excusas como la polarización política para evitar pensar en la creación. “Pero también tenemos que admitir que algunos cristianos comprometidos y orantes, bajo una excusa de realismo y pragmatismo, suelen burlarse de las preocupaciones por el medio ambiente” pero “vivir la vocación de ser protectores de la obra de Dios es parte esencial de una existencia virtuosa, no consiste en algo opcional ni en un aspecto secundario de la experiencia cristiana “(217).

Una de mis líneas preferidas es una paráfrasis del gran teólogo Hans Urs von Balthasar en la mirada de Jesús: “Las mismas flores del campo y las aves que él contempló admirado con sus ojos humanos, ahora están llenas de su presencia luminosa ” (100). Demasiados católicos parecen ser casi dualistas gnósticos; otros piensan que la creación simplemente puede ser ignorada; se ve como un telón de fondo inerte. Benedicto XVI dijo que “el libro de la naturaleza es uno e indivisible”, y Francisco dice: ” Esto nos impide entender la naturaleza como algo separado de nosotros o como un mero marco de nuestra vida. Estamos incluidos en ella, somos parte de ella y estamos interpenetrados “. (139) En el párrafo 98, el Papa nos recuerda que Cristo mismo no ignoró la creación, y debido a la Encarnación, no hay dualismos desfigurantes que estropeen la fe.

Para que nadie imagine que esta es una idea “postconciliar”, permítanme citar a Frank Sheed en “Teología y cordura”, escribiendo antes del Vaticano II, quien también vinculó el desprecio por la creación (ecología natural) con la pérdida del amor por los demás (ecología humana).

No es ningún cumplido a la omnipotencia de Dios tratar lo que ha hecho de la nada como si fuera poco mejor que nada. No es un cumplido para un poeta estar siempre buscándolo y negarse resueltamente a leer su poesía. Dios se está comunicando con nosotros, diciéndonos algo, por medio de su universo. Hay algo que raya en lo monstruoso en conocer a Dios y no estar interesado en las cosas que ha hecho, las cosas en las que su poder infinito es energizante. El desarrollo lógico de una actitud tan extraña sería amar a Dios tan exclusivamente que no podríamos amar a los hombres, una exclusividad que él ha prohibido.

 

– ¿Qué otras conclusiones interesantes salen a la luz gracias a este entendimiento?

 La consideración conjunta de de todos los factores, se aplica a otros problemas también. Por ejemplo, el Papa no es marxista, sino que sigue los pasos de San Juan Pablo II en Laborem Exercens, que veía la propiedad privada como un gran bien, cuando estaba orientada hacia el bien común, el “destino universal de los bienes”. Francisco explicó claramente que “la Iglesia sí defiende el derecho legítimo a la propiedad privada, pero también enseña con claridad que siempre hay una hipoteca social sobre toda propiedad privada, para que los bienes sirvan al propósito general que Dios les dio”. (93)

La encíclica no es anti tecnológica; los logros de la ciencia y la tecnología son elogiados a lo largo del documento. Las secciones de tecnología dependen en gran medida de Romano Guardini, una gran influencia en los fundadores de la Revista Communio (y en Francisco, que lo estudió en Alemania como parte de su inacabada tesis doctoral).

Como en los escritos de estos pensadores, no es la tecnología el problema, sino lo que Francisco denomina el “paradigma tecnocrático”, cuando “la vida pasa a abandonarse a las circunstancias condicionadas por la técnica, esta entendida como el principal recurso para interpretar la existencia” (110). Como vimos anteriormente, Francisco dijo que la clave para leer la realidad es la Trinidad: su amor generoso y desbordante y las profundidades ontológicas de sus relaciones. Cuando, en cambio, “constituir la metodología y los objetivos de la tecnociencia en un paradigma de comprensión que condiciona la vida de las personas y el funcionamiento de la sociedad.” luego, “Los efectos de la aplicación de este molde a toda la realidad, humana y social, se constatan en la degradación del ambiente, pero este es solamente un signo del reduccionismo que afecta a la vida humana y a la sociedad en todas sus dimensiones.” (107)

Así volvemos a la “actitud contemplativa y orante” con la que comenzamos. Francisco continúa la enseñanza papal de Benedicto XVI en Caritas in Veritate sobre lo que San Juan Pablo II llamó la “hermenéutica del Don”, parte de un tema común con una larga historia y una importancia constitutiva, intrínsecamente entrelazada con la receptividad hacia la generosidad de Dios (Recomiendo encarecidamente el libro de Kenneth Schmitz, “The Gift: Creation” como un estudio amplio y profundo; está agotado, pero bien vale la pena una búsqueda en la biblioteca). Debemos recibir el don en actitud contemplativa, y la respuesta adecuada es la gratitud. Y porque la tierra nos es dada y luego transmitida a las generaciones futuras, “el ambiente se sitúa en la lógica de la recepción” (159).

Esta lógica del don se extiende a lo largo de toda la encíclica y es una cuestión de un profundo encuentro y relación con el Dios viviente, nuestros vecinos y toda la creación. Tal y como nos recuerda Francisco, los relatos de la creación en el libro de Génesis revelan que la vida humana se basa en esas “relaciones fundamentales estrechamente conectadas: la relación con Dios, con el prójimo y con la tierra.” Y que “las tres relaciones vitales se han roto, no solo externamente, sino también dentro de nosotros. Esta ruptura es el pecado.” (66). Y así estamos llamados a la conversión y la reconciliación, lo que “implica gratitud y gratuidad, un reconocimiento de que el mundo es el regalo amoroso de Dios”.

Comprender que “la creación es del orden del amor”, que todo es un regalo: el mundo (159), nuestros cuerpos (155), nuestra vida en familia (213), nuestra inteligencia (69), nuestros vecinos (115), en cada momento (226) y entendiendo que ” No somos Dios. La tierra nos precede y nos ha sido dada” (67), entonces vemos que “la capacidad de transformar la realidad que tiene el ser humano,” debe desarrollarse sobre la base de la donación originaria de las cosas por parte de Dios” (5). Nuestra llamada significa que estamos citados a imitar la ” Esta conversión supone diversas actitudes que se conjugan para movilizar un cuidado gene- roso y lleno de ternura” (220). Incluso nuestro “descanso contemplativo” del sábado se mantiene en una relación constitutiva, “en relación” con nuestro trabajo: El ser humano tiende a reducir el descanso contemplativo al ámbito de lo infecundo o innecesario, olvidando que así́ se quita a la obra que se realiza lo más importante: su sentido. Estamos llamados a incluir en nuestro obrar una dimensión receptiva y gratuita, que es algo diferente de un mero no hacer. (237).

Al principio dije que la encíclica debe leerse desde su “fin” -su corazón y su centro- para comprender las partes sociales. Francisco dice: “Si todo está relacionado, la salud de las instituciones de una sociedad tiene consecuencias para el medio ambiente y la calidad de la vida humana. Toda violación de la solidaridad y la amistad cívica daña el medio ambiente” (142 y citando a Benedicto XVI). Que la creación es un “orden de amor” no se refiere solo a la emoción humana o a la voluntad (ver el libro del editor Communio DL Schindler, Ordering Love, para detalles de su extenso y hermoso significado),  abarca, como dijo Benedicto XVI, las “macro- relaciones, sociales, económicas y políticas ” (citado por Francisco en el párrafo 231).

El documento contiene una gran cantidad de información sobre políticas, instituciones sociales, agricultura, negocios, economía, desarrollo sostenible, arquitectura, alimentos y más. Sobre estas cuestiones de juicio prudencial, el Papa ha dejado en claro en estas materias que ” Iglesia no pretende de unir las cuestiones científicas ni sustituir a la política, pero invita a un debate honesto y transparente, para que las necesidades particulares o las ideologías no afecten al bien común.”(188).

 

-¿Te gustaría añadir alguna cuestión final?

He comenzado la entrevista comentando la fábula del ciego y el elefante y los errores de comprensión provocados por centrarnos en las partes en lugar del todo. Partiendo de Santo Tomás de Aquino, el Papa dice que “entendemos mejor la importancia y el significado de cada criatura si la contemplamos dentro de la totalidad del plan de Dios”, porque es el “universo en su totalidad” el que muestra las inagotables riquezas de Dios “(86), un todo que está” abierto a la trascendencia de Dios, dentro del cual se desarrolla “(79). Quiero cerrarla invitando a una actitud contemplativa y de oración hacia toda la creación y nuestra necesidad de reconciliación. Al leer Laudato Si ‘, todo quedará claro cuando sea iluminado por la luz de Dios y Su amor creativo, lo que Dante llama “el amor que mueve el sol y las estrellas”.

¡Alabado sea Dios!

Mary Taylor es filósofa y teóloga, editora y consultora de la revista Católica Internacional Communio. Es Master en teología por la Yale Divinity School y doctora por la Universidad Rey Juan Carlos. En 2015 cofundó con Monseñor Martínez y su hijo Mike Taylor entre otros el Instituto Laudato si para la Custodia de la Creación en la diócesis de Granada, España.