El balance neto de población y específicamente el de población infantil está cayendo en España. Pero paradójicamente aunque  algunos colegios en las urbes pierden algunas plazas no somos conscientes de dónde se halla el verdadero problema demográfico. No esté en las ciudades, está en el campo, en un campo que muere despoblado (Cada “Pa” en la imagen es un pueblo abandonado en los últimos años).

Centenares de pueblos han sido o serán abandonados en los próximos años. En muchos de ellos quedan ya tan sólo los ancianos del lugar, pues los jóvenes han emigrado a las ciudades en busca de trabajos mejor remunerados y menos duros. Si bien el  Estado sigue proveyendo educación en estos territorios en abandono (en general a través de los Centros Educativos Rurales Agrupados – CRAs) los pequeños pueblos carecen de un proyecto de futuro que los haga viables a largo plazo.  En muchos casos son las subvenciones las que mantienen la ganadería o agricultura loca, si bien los productos que llegan pueden haber sido elaborados a miles de kilómetros de dichas zonas[1]. Y unido a éste abandono  hay un creciente desconocimiento por la nueva población urbana y relativamente joven de su pasado rural y de ese mundo que desaparece día a día. Hoy los niños conocen mejor los nombres de los “pokemons” que de los animales y árboles que rodean sus ciudades de la que apenas salen, sino es para ir a otras o a playas que son extensiones de un territorio urbano.

 

España, y en gran medida Europa vive una paradoja ambiental. Tras medio siglo de un desarrollismo que en el medio rural se vio caracterizado  tanto por los grandes incrementos de productividad agrícola y por la persecución de la cual fueron objeto gran parte de nuestras especies silvestres llegando a ser incluso algunas exterminadas (el bucardo pirenaico, la foca monje o el ostrero negro canario entre otras ya no existen) hemos pasado a un tiempo en el que el mundo rural vive un abandono sin par y en el que la naturaleza parece ser irrelevante para la vida del hombre moderno.

 

En tiempos de crisis bien vale repensar el valor del mundo rural. Un ejemplo puede ilustrarnos. Es cierto que el Cristianismo surgió en las grandes ciudades (Roma, Efeso, Corinto…). El pagano era el hombre del “pagus”, del campo. No existe la expresión “paganos del cielo”  pero si la de “ciudadanos del cielo” o ciudadanos con derechos, incluso hay un partido que se llama “Ciudadanos”. Sin embargo cuando la civilización romana cayó en el siglo V, donde se cuidó, salvó y transmitió la cultura no fue en las inexistentes ciudades, sino en los más de 40.000 monasterios benedictinos, del cister, etc… rurales que crearon el tejido y los valores de lo que hoy es Europa. Ellos crearon la “vida buena” para miles y miles de personas a lo largo de nuestro continente. Hoy es la “buena vida” (que no la “vida buena”) la que marca el paso de nuestra civilización, la que marca las tendencias económicas, sexuales, de consumo, de estilo de vida y por lo tanto políticas. Todos queremos vivir más cómodamente. Frente a esto, ¿tiene algo que aportar  ese mundo rural, con su belleza, austeridad, naturaleza y  dependencia de los ciclos que fue la cuna de nuestra Europa?

 

El descubrir el valor del mundo natural permite toma conciencia de pertenecer a un orden más grande, dado que reclama su respecto. Y el respecto solo se admite cuando  uno reconoce ser parte de algo más grande. La naturaleza es educadora, porque como dijo Saint-Exupery “se nos resiste” y si queremos ser serios con la crisis ambiental y poblacional debemos partir del crecimiento de nuestra conciencia como seres dependientes, en la que el orden último de la vida no lo marcan nuestros deseos, ni siquiera nuestros derechos, sino la propia vida. Por otra parte, el mundo rural es un ámbito adecuado para una educación creativa y en valores. Hay cada vez más personas que quieren educar a sus hijos en valores  cada vez más próximos a la naturaleza. Permitir un marco en el que la vida rural alcance el mismo desarrollo que tiene en la mayor parte de los países de la Unión Europea en la que significa no solo una mejor calidad de vida, si no en muchos casos un ámbito para lograr una excelencia educativa. Esto requiere un política proactiva en la que el mundo rural no solo se base en la agricultura sino que permita el establecimiento de trabajos a distancia de alto nivel intelectual, a la vez que desarrollando el principio de subsidiariedad se permita a los padres ser auténticos protagonistas de la educación de sus hijos, a la vez que gozar de una calidad educativa cuanto menos igual a la urbana en el medio rural. El asentamiento de poblaciones en el medio rural que puedan realizar además de tareas agrícolas, otras de alto valor intelectual requiere  repensar los modelos educativos vigentes en la actualidad para el medio rural flexibilizándolos y adecuándolos a una educación rigurosa pero flexible, creativa y en contacto con la naturaleza.

 

A lo largo de las pasadas legislaturas de PP y PSOE, el medio rural ha sido objeto de una relativa atención. Por otra parte se han desarrollado adecuadamente muchas políticas ambientales, incluso hasta el punto de haber llegado a existir un ministerio de Medio Ambiente. España se ha dotado de planes de desarrollo rural, forestales y ambientales cumpliendo con sus obligaciones europeas. No podemos más que felicitarnos y felicitar a quienes en las pasadas legislaturas han permitido estos avances.  Aun así, el deterioro ambiental y el abandono rural continúan, al tiempo que España hoy pierde población en su conjunto. No son problemas de soluciones sencillas pero si descubrimos el nexo entre estos tres factores quizá podamos aportar soluciones originales, es decir que vayan al origen del problema.

Aunque parezca paradójico, para abordar el despoblamiento general (sobre todo debido al declive de nacimientos al que se unirá en breve un incremento de la mortandad cuando la generación del babyboom de los 50 y 60 llegue al final de su ciclo vital), el deterioro ambiental y el abandono rural, todo ello con éxito es conveniente enfocar estas cuestiones desde una nueva doble perspectiva en la que las nuevas tecnologías de la comunicación plantean un papel clave como veremos: La educación ambiental como parte del curriculum oficial de la educación española y el repoblamiento rural como política de Estado.

 

La política de un ministerio de desarrollo rural y agricultura debe basarse además de en el tradicional pilar de ayudar a las explotaciones agrícolas y forestales ya establecidas en la revitalización del tejido rural español a la vez que crear vínculos económicos y sociales entre el campo y la ciudad, y para ello se debe:

 

1.- Potenciar el emprendimiento rural agrario, turístico y tecnológico

2.- Potenciar activamente los circuitos cortos de comercialización (CCC)[2], especialmente los  vinculados al impulso a la agricultura familiar y la inclusión de los productores y emprendedores de pequeña escala en mercados locales.

7.- Vinculado a la educación ambiental favorecer los movimientos de comida local y regional que impulsan una relación directa entre consumidores y productores,

8.- Favorecer entre el mundo urbano y rural a través no solo del turismo rural o la agricultura la creación de vínculos a través de la educación y los colegios, y actividad física, especialmente en los períodos educativos con estancias de los educandos en el medio natural.

9.- Potenciar la educación propia en el medio rural, dotando a los centros rurales agrupados de tecnologías y capacidades adecuadas a sus docentes, incluyendo la legalización de determinadas formas de home-schooling (especialmente el flexi-schooling  basada en modelos tele-educativos mixtos) al igual que lo hacen ya otros países europeos creando un marco donde la educación en el medio rural pueda competir en igualdad de condiciones con la urbana.

10.- Favorecer el desarrollo del teletrabajo y las conexiones en el medio rural y flexibilizar y mejorar las condiciones laborales para quienes  quieran acogerse a la modalidad de teletrabajo con énfasis par las poblaciones rurales. (ver anexo desarrollo rural de 3ª generación)

11.- Apoyar la creación de nuevas comunidades neorurales así como  el mantenimiento de las rurales existentes con una política activa de reconstrucción  y revitalización de pueblos en estado de semi o total abandono.

12.- Desarrollar la telemedicina rural de primer diagnóstico para el medio rural aislado.

13.- Crear un programa de reanimación de pueblos para nuevos pobladores el cual lleve aparejado una responsabilidad de custodia y anfitrionaje sobre el territorio que se habita.

 

 

[1] Es curioso constatar como las castañas de pueblos del norte asadas en otoño proceden de China o las naranjas en el valle de Lecrín de Granada de América, mientras las producciones propias quedan en los árboles.

[2] “Los circuitos de proximidad o circuitos cortos son una forma de comercio basada en la venta directa de productos frescos o de temporada sin intermediario —o reduciendo al mínimo la intermediación— entre productores y consumidores. Los circuitos de proximidad acercan a los agricultores al consumidor, fomentan el trato humano, y sus productos, al no ser transportados a largas distancias ni envasados, generan un impacto medioambiental más bajo” (CEPAL,  2014:7).