El título de la revista nos remite al cuidado de la tierra, de la creación. Así imitamos a Dios. El libro del Génesis nos dice que: “el Señor Dios tomó al hombre y lo colocó en el jardín de Edén, para que lo guardara y cultivara”. Es Dios mismo quien pone en relación al hombre con el cosmos y le encomienda una tarea.

Los hombres no somos los propietarios absolutos del mundo creado, y no lo podemos explotar o maltratar a nuestro antojo. Hemos recibido una misión, que nos convierte en protagonistas, junto a Dios, del mejor cuidado posible de los recursos naturales, en beneficio de la familia humana, y para la gloria de Dios.

Como toda misión, también ésta comporta una responsabilidad: respondemos del modo en que desempeñamos esta encomienda. El creador vela providentemente por el mundo y por los hombres, y nos incorpora a ese designio bueno a favor de nuestros hermanos, especialmente de aquellos que sufren más directamente las injusticias relacionadas con la explotación –muchas veces incontroladas y abusivas—de los recursos naturales.

Nuestra tarea de custodios de la creación no se puede separar del resto de indicaciones del Señor para la vida buena, personal y social. Por ello, como en los demás aspectos de la vida moral, no podrá madurar sin el deseo de una conversión de nuestro estilo de vida, en especial para los que vivimos en las sociedades opulentas. Si hay algún problema que hoy nos une a todos los hombres –los que vivimos hoy y las generaciones que vendrán mañana— es precisamente el del respeto y el cuidado por el medio ambiente.

Tenemos por delante una oportunidad realmente atractiva de profundizar en el conocimiento del Señor y de su designio para con los hombres, desde lo íntimo del corazón hasta las últimas implicaciones sociales y económicas.

Estoy seguro de que la publicación de Landscare nos ayudará muy eficazmente en el camino.

Javier Prades

Rector de la Universidad Eclesial San Dámaso